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          NUESTRO HIMNO


Con fecha 25 de noviembre de 1943, la Federación Estudiantil Campechana convocó a los poetas y compositores musicales del Estado para que asistieran a un concurso con objeto de crear el Himno del Instituto Campechano.
Verificada la justa, fueron premiadas las estrofas del poeta Augusto Ruz Espadas, y la música del maestro Raymundo Núñez, director de la Banda del Estado. Dichos premios fueron entregados en una fiesta que tuvo lugar el 2 de febrero de 1944, con motivo del 84 aniversario de la augusta casa de estudios.
Siendo las 21 horas, en la planta baja del Instituto Campechano, se efectuó la velada musical y literaria presidida por el gobernador del Estado Lic. Eduardo Lavalle Urbina y por los señores Lic. Francisco Álvarez Barret, presidente municipal, y el Lic. Manuel Abreu de la Torre, director del Instituto Campechano.


Estudiantes del noble Instituto
que es del arte y la ciencia fanal
ahora y siempre rindamos tributo
a su obra grandiosa y triunfal

Majestuoso, gallardo, impoluto
desafiando del tiempo el rigor,
te levantas, ¡Oh egregio Instituto!
Como un gran paradigma de honor
y al pensar en sus sueños forjados
de tu sacro regazo al calor,
todos, todos tus hijos, postrados
te bendicen henchidos de amor.

Árbol santo que das a las almas
del sabor la semilla inmortal;
fuente de aguas lustrales que calmas
nuestra sed infinita de ideal;
quién pudiera ser brisa y besarte
con un beso sublime y filial;
quién pudiera ser mar y ensalzarte
en un himno imponente y marcial

Templo augusto se alza suntuoso
de Minerva el flamígero altar;
sol de oro que anuncias piadoso
al que empieza su vida a labrar,
de tu pródigo seno amoroso
han surgido, cual perlas del mar,
esos hombres de numen glorioso
que a Campeche han sabido exaltar.

El galeno que aporta a la ciencia
de su genio el fulgente caudal;
el jurista cuya alta sapiencia
le ha ganado en la fama un sitial;
el aeda de estro fecundo
que nos canta con voz de cristal,
son clarines que anuncian al mundo
tu asombrosa victoria moral.

De tu frente los mirtos sagrados
nadie hasta hoy ha intentado arrancar,
más si un día felones osados
pretendieran tu fama opacar,
aquí estamos tus hijos, soldados
que en los labios llevando un cantar,
bajo el albo pendón agrupados
por tus fueros sabremos luchar

 
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